miércoles, 23 de febrero de 2011

En un cielo rasgado.

Aún recuerdo las veces que soñábamos con merendarnos las nubes y los momentos en los que la imaginación se apoderaba de nosotros haciéndonos querer atar el amanecer al cajón de los recuerdos. En nuestros viajes ficticios el equipaje se antojaba simple. Tú y yo.
Teñíamos de verano los sueños, las noches oscuras y los días nublados. Siempre supe que los pétalos, marchitos por los azotes del tiempo, decían la verdad. Nunca quise verlo, nunca quise verte así. Poco a poco la esperanza fue derritiéndose, los amaneceres mostraban su cara más perversa y ansiaban separarnos con una fuerza sobrenatural. Tres gotas calmaron su sed y abrieron las puertas de una utopía desgastada.
Fue así desde el principio. Hasta las sombras y el silencio conocen la verdadera cara de aquellos amaneceres.






"Te lloré para saber si eras impermeable: acerté".
Patricia Amigo Lorido.

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